Reencarnación

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La reencarnación era una idea común en los tiempos de Jesús. En las Escrituras Sagradas, el punto donde el Maestro se refiere a ella de una forma clara e inequívoca es el pasaje en el que Él, después de descender del Monte Tabor, donde mantuviera contacto con sus amigos espirituales, afirma de manera incuestionable que Juan Bautista fue la reencarnación del antiguo profeta Elías.

 

Los Espíritus fueron creados simples e ignorantes. Inicialmente no poseen el conocimiento del bien y del mal. Son dotados del germen de la inteligencia y con el tiempo, adquieren conciencia de sí mismos. Todo Espíritu está destinado a la perfección y como no puede alcanzarla en una sola vida, Dios le concede otras existencias, para que pueda crecer en inteligencia y moralidad. El renacimiento sucesivo del Espíritu en la dimensión material es llamado reencarnación.

La evolución del Espíritu se da progresivamente, pues ella está íntimamente ligada a la experiencia. A través de las luchas expiatorias y de pruebas, el Espíritu camina buscando la iluminación y la perfección. Al iniciar su jornada reencarnación en los primeros niveles evolutivos, el Espíritu sufre todo tipo de influencias, buenas y malas. No todos los Espíritus pasan por el camino del mal, pero sí obligatoriamente por el de la ignorancia.

El Creador concede al Espíritu la libertad de ceder o resistir a las influencias. Se trata del “libre albedrío”. Esta libertad de actuar, se desenvuelve en la medida en que él adquiere conciencia de sí mismo.

“Si el hombre hubiese sido creado perfecto se inclinaría fatalmente hacia el bien; mas, en virtud de su libre albedrío, no es conducido premeditadamente ni hacia el bien ni hacia el mal. Dios quiso que estuviese sujeto a la ley del progreso y que fuese el resultado de su propio trabajo, para que sea suyo el mérito del bien realizado y la responsabilidad del mal cometido por su propia voluntad” (allan Kardec. EL GÉNESIS. Cáp III item 9).

Una reencarnación puede ser libre, obligada o misionera, dependiendo de la evolución y de la necesidad del Espíritu. Cada existencia en la materia significa un paso en la búsqueda del perfeccionamiento moral e intelectual. El Espíritu puede, por mala voluntad o prejuicio, mantenerse estacionado, mas nunca retroceder a estados inferiores al que se encuentra. Todo lo que él adquiere en una reencarnación hace parte de su patrimonio espiritual y el podrá usarlo en otras experiencia, para su crecimiento. El número de reencarnaciones necesarias para el esclarecimiento definitivo del Espíritu varía entre ellos. Los que estuvieren llenos de buena voluntad, tienden a alcanzar la perfección más rápido. Los que se dejan ilusionar en el camino, pierden tiempo y se demoran más para alcanzar el grado de Espíritus Puros. Todo funciona más o menos como en una escuela. Aquellos que no han adquirido los conocimientos necesarios no podrán ascender a las clases más adelantadas.

Es durante sus reencarnaciones que el Espíritu tiene oportunidades para reparar errores y sufrir experiencias liberadoras. El mundo material es, por tanto, una importante escuela de aprendizaje. En las futuras reencarnaciones se recogen los frutos que se plantaron en la presente existencia. Todos los Espíritus sufren las vicisitudes de la existencia corpórea; unos para expiar sus errores; otros, más evolucionados, para probar virtudes o cumplir misiones.

El progreso continuado e incesante es condición inherente al principio espiritual, el principio inteligente del Universo; bajo esa condición, él debe utilizar, a medida que evoluciona, cuerpos físicos.

Cada vez más perfeccionados y aptos, lo que determina la evolución de las especies, dentro de las coordenadas básicas del transformismo.

Se comprende de ésta manera, que la evolución no podría transcurrir en el limitado espacio de tiempo de una o algunas vidas humanas, por más largas que fuesen, de ahí, las repetidas oportunidades reencarnatorias, que permiten al Espíritu, millares y millares de experiencias en el cuerpo físico. Esas vivencias van ampliando cada vez más, su caudal de conocimientos, en cuanto el Espíritu realiza también, la reforma íntima, la iluminación interior, rescatando por el dolor o por el bien, que haga, desinteresadamente, los errores del pasado.

La doctrina de las vidas múltiples explica la justicia de la Evolución; a la luz de la Palingenesia comprendemos el mecanismo sabio de la Vida, entendemos el Mundo de bellezas y miserias en que vivimos.

Como los fenómenos mediúmnicos, también la reencarnación está en la tradición religiosa de los pueblos más antiguos, cabiéndole al Espiritismo, darle el realce que los conocimientos científicos de la época le permiten.

Sólo por la reencarnación podemos comprender el Mundo en que vivimos, todo cuanto en él ocurre y constituye, muchas veces, enigmas insolubles para los que la desconocen o no la aceptan. La Reencarnación explica y justifica:

1.- La evolución biológica y espiritual del Hombre, a través del progreso incesante de las formas físicas, orgánicas y del principio espiritual, que las orienta y que se individualiza en la criatura humana;

2.- La Sabiduría divina, hecha de Justicia y Bondad, cuyas leyes castiga las faltas, pero permiten al criminal la propia recuperación, posibilidad que nunca le es negada, pues Dios le coloca la misericordia sobre todos los procesos de la justicia”, como dice Emmanuel;

3.- El mecanismo, del cual resultan las condiciones de vivencia terrena, siempre íntimamente relacionada con el pasado, sea en las experiencias de la carne, sea en los periodos de vida puramente espiritual, en los cuales ponemos a funcionar nuestro libre albedrío, con las consecuencias determinadas por el uso correcto o incorrecto que de él hacemos, generándose, en ésta última hipótesis, pesadas deudas por rescatar.

Es así como el espíritu comprende la causa de la desigualdad social, representada por los ricos y por los pobres, por los poderosos y por los humildes, por los enfermos y por los sanos, por los idiotas y por los genios, por los felices y por los infelices; de las simpatías y antipatías espontáneas entre las personas, de los conflictos y confrontaciones entre los miembros de una misma familia, viviendo en un hogar común, de la actuación de personajes históricos, de misioneros, etc.

La reencarnación que no rompe con los lazos de familia, por el contrario, los fortalece, nos hace comprender que si sus miembros muchas veces se muestran antipáticos entre sí y aún son hostiles es porque son antiguos desafectos, que en otras vidas, en la Tierra, se ofendieron mutuamente y son, ahora, reunidos en el hogar terreno para ” servir de pruebas para unos y de medio de progreso para otros” (Allan Kardec, EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO, Cáp. IV), debiendo armonizar sus sentimientos, olvidando, sirviendo y perdonando. 

La doctrina de la reencarnación aclara sobre problemas que, de otra manera, jamás entenderíamos, para los cuales nunca habría soluciones lógicas: los de las pruebas colectivas, en que decenas, centenas o millares de personas, de edades y nacionalidades diferentes, buenas o malas, cultas e incultas, perecen por la vía de la muerte violenta, debida a una causa común: fuego, ahogamiento, desastres, terremotos.

La pena de muerte que tanto ha preocupado a los sociólogos, a los criminalistas, a los hombres de Estado, jamás sería tenida en cuenta, como medida correctiva, por ser contraria a los principios de la humanidad y, sobretodo, por su entera inutilidad, toda vez que el criminal no sería, en verdad, apartado de la Tierra, de la sociedad; en suma, el mal no sería eliminado.

La sexualidad y sus manifestaciones, naturales, sublimadas o degradadas también pasa a ser mirada bajo nuevos ángulos y puede ser analizada con profundidad, desde que aceptemos el principio de la reencarnación y sepamos que los Espíritus pueden utilizar, indiferentemente, cuerpos masculinos o femeninos, conforme a las necesidades de su evolución.

Tales son, en resumen, las consecuencias de la reencarnación, “de una ley natural y general, abrazando todo lo que piensa, todo lo que vive, todo lo que es, en el decir del eminente Gustavo Geley  (RESUMEN DE LA DOCTRINA ESPÍRITA).

Objeción muy común contra la reencarnación es la de que no nos recordamos de cosa alguna de las vidas pasadas, lo cual es señal para afirmar que la misma no existe. El Espiritismo nos muestra por qué es necesario ese olvido, en el cual se tiene que reconocer una vez más, prueba de la sabiduría y de la bondad de Dios.

El recuerdo de nuestras vidas pasadas y de los hechos ocurridos con nosotros en las diversas reencarnaciones, que tuvimos, sería inútil y aún perjudicial para nuestro progreso espiritual, pues mostraría ante nuestro ojos nuestros errores y crímenes del pasado, conduciendo a nuestro Espíritu a la depresión, a la melancolía, a la tristeza, a la rebeldía.

Sin la doctrina de la reencarnación la vida, con sus eventos aparentemente ilógicos, sus miserias y sus tragedias siempre mayores y constantes, limitada a pocos años de una existencia, no podría ser la obra incomparable de una inteligencia sin par, como la del Creador; sería ante todo el fruto monstruoso de una potencia infernal, que se deleita frente al dolor y el sufrimiento de criaturas inocentes, de criaturas que mal comienzan a vivir, de personas virtuosas, como criminales de los más infames.

Se niega la reencarnación, como se ha hecho en todos los tiempos, con otros hechos y verdades científicas, aunque en la Doctrina del Creacionismo, cada Espíritu se forma para cada cuerpo físico viviendo solamente una vez en la Tierra, nos lleva a considerar a Dios un verdadero monstruo, una inteligencia  infernal. Siendo la  reencarnación doctrina de esclarecimiento y de lógica irrecusable, la reencarnación puede ser aceptada sin duda de cualquer naturaleza, y probada, aún, por los argumentos filosóficos, por los mensajes espiritas y por las investigaciones científicas.

 

La investigación científica se amplía y el estudio experimental de la reencarnación que antes se hacía por el proceso de regresión de la memoria, utilizada por muchos psicólogos y ahora se valen de la llamada memoria extra-cerebral, como en el caso del Dr. Ian Stevenson, que ya catalogó millares de ejemplos, algunos de los cuales él relata en su libro 20 CASOS SUGESTIVOS DE REENCARNACIÓN.

Los casos investigados no pueden ser, honesta y lógicamente explicados por el fraude, por la criptomnesia, por la memoria genética, por la percepción extra-cerebral, ni por la posesión, sino, solamente por la reencarnación,porque, como enseña la Doctrina Espirita, en uno de sus postulados:

“NACER, VIVIR, MORIR, RENACER Y PROGRESAR SIEMPRE, TAL ES LA LEY” 

 

La reencarnación no es una doctrina establecida por el Espiritismo, que solamente le dio nueva coloración y proporcionó explicaciones más completas, con relación a su mecanismo; ella está en la base de muchas religiones antiguas, como el budismo, la teosofía, el rosacrucismo, etc.

La reencarnación no podía ser explicada abiertamente por Jesús, porque no era aún oportuno, en razón de la ignorancia del pueblo, pero el Maestro a ella se refiere, veladamente, en varios pasajes de los Evangelios:

Mateo 11, 15; Lucas 7, 24-30; Juan 3, 1-7. Juan 9, 1-3 

 

Krishna, en el BHAGAVAD GITA dice: 

“Así como el alma vistiendo este cuerpo pasa por los estados de infancia, juventud, virilidad y vejez, así en el tiempo oportuno, pasa de un cuerpo a otro, y, en otras encarnaciones vivirá otra vez”.     

 

En los druidas, encontramos:

“Fui víbora en el lago, cobra enfadada en la montaña; fui estrella, fui sacerdote. Desde que fui pastor, transcurrió mucho tiempo; dormí en cien mundos, me agité en cien círculos”. 

 

En Corintios I, 15-19,

“Si nuestra esperanza en Cristo, se  limita solamente a esta vida, somos los mas infelices de todos los tiempos”.  

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