¿Qué es el Espiritismo?

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“El espiritismo es la ciencia que trata la naturaleza, origen y destino de los Espíritus y de su relación con el mundo corporal. Basada en la existencia, las manifestaciones y la enseñanza de los EspíritusDicha doctrina se estudia en sus tres aspectos: ciencia, filosofía, y moral.”


El Espiritismo no es un descubrimiento moderno; los hechos y los principios en que descansa se pierden en la oscuridad de los tiempos, porque no sólo se encuentran sus huellas en las creencias de los pueblos, en todas las religiones, en la mayor parte de los escritores sagrados y profanos, sino que los hechos incompletamente observados han sido interpretados con frecuencia con arreglo a las ideas supersticiosas de la ignorancia, y sin haber deducido de ellos todas las consecuencias.

En efecto, el Espiritismo está fundado en la existencia de los Espíritus, pero no siendo éstos más que las almas de los hombres, desde que hay hombres hay Espíritus. El Espiritismo, pues, ni los ha descubierto ni inventado. Si las almas o Espíritus se manifiestan a los vivos, es porque esto es natural, y desde luego han debido hacerlo en todas las épocas; así es que todas ellas y en todas partes se hallan pruebas de sus manifestaciones, las cuales abundan, mayormente, en los relatos bíblicos. “Lo moderno es la explicación lógica de los hechos, el conocimiento más completo de la naturaleza de los Espíritus, de su misión y de su modo de obrar, la revelación de nuestro estado futuro, y en fin su constitución en cuerpo científico y doctrinario y sus diversas aplicaciones. Los antiguos conocían el principio, los modernos conocen los detalles. En la antigüedad el estudio de esos fenómenos era privilegio de ciertas clases que no los revelaban más que a los iniciados en sus misterios; en la Edad media, aquellos que se ocupaban de ellos, ostensiblemente, eran mirados como hechiceros y se les quemaba; pero hoy no hay misterios para nadie, a nadie se quema, todo se hace a la luz del día, y todo el mundo está dispuesto a ilustrarse y a practicar; porque en todas partes se encuentran médiums y cada uno puede serlo, más o menos.

La doctrina que enseñan hoy los Espíritus no tiene nada de nuevo; se encuentran fragmentos de ella en la mayor parte de los filósofos de la India, de Egipto y de Grecia, y completa en la enseñanza de Cristo. ¿A qué viene, pues, el Espiritismo? A confirmar con nuevos testimonios, a demostrar con hechos, verdades desconocidas o mal comprendidas, y a restablecer en su verdadero sentido aquellas que han sido mal interpretadas o voluntariamente alteradas.

Cierto es que el Espiritismo no enseña nada nuevo, ¿pero es poco probar de una manera patente e irrecusable la existencia del alma, la supervivencia al cuerpo, su individualidad después de la muerte, su inmortalidad, las penas y las recompensas futuras?

Bajo el punto de vista religioso, el Espiritismo tiene por base las verdades fundamentales de todas las religiones: Dios, el alma, la inmortalidad, las penas y las recompensas futuras; pero es independiente de todo culto particular. Su fin es probar la existencia del alma a los que la nieguen o duden de ella; que sobrevive al cuerpo, y que sufre después de la muerte las consecuencias del bien o del mal que ha hecho durante la vida corporal, lo cual pertenece a todas las religiones.

Como creencia en los Espíritus, es igualmente de todas las religiones, de la misma manera que es de todos los pueblos, puesto que donde hay hombres, hay almas o Espíritus, y puesto que las manifestaciones son de todos tiempos, y su relato se encuentra en todas las religiones sin excepción. Se puede ser, pues, católico, griego o romano, protestante, judío o musulmán, y creer en las manifestaciones de los Espíritus; y por consiguiente, ser espiritista; la prueba está en que el Espiritismo tiene adeptos en todos los sectores.

Como moral, es esencialmente cristiana, porque la que enseña, no es más que el desarrollo y la aplicación de la de Cristo, la más pura de todas y cuya superioridad no es negada por nadie; prueba evidente de que es la ley de Dios, y que la moral está a disposición de todo el mundo.

Siendo independiente el Espiritismo de toda forma de culto, no prescribiendo ninguno, y no ocupándose de dogmas particulares, no es una religión especial, porque no tiene sacerdotes ni templos. A los que le preguntan si hacen bien o mal en seguir tal o cual práctica, responde: si creéis vuestra conciencia obligada a hacerlo, hacedlo; Dios toma siempre en cuenta la intención. En una palabra, no se impone a nadie; no se dirige a los que teniendo fe están satisfechos de ella, sino a la numerosa categoría de los vacilantes e incrédulos; no los arrebata a la Iglesia, puesto que moralmente se han separado de ella total o parcialmente; les hace recorrer las tres cuartas partes del camino para volver a aquélla, a la cual toca hacer lo demás.

Es verdad que el Espiritismo combate ciertas creencias, tales como las penas eternas, el fuego material del infierno, la personalidad del diablo, etc.; ¿pero no es verdad que estas creencias, impuestas como absolutas, han hecho en todos tiempos incrédulos y los hacen en nuestros días? Y si el Espiritismo, dando a estos y a otros dogmas una interpretación racional, conduce a la fe a aquellos que la abandonan, ¿no presta un servicio a la religión? Así es que un venerable eclesiástico decía con respecto a este asunto:

“El Espiritismo hace creer algo, y vale más creer algo que no creer nada”.

No siendo los Espíritus más que las almas, no pueden negarse aquéllos sin negar éstas; admitiendo las almas o Espíritus, la cuestión reducida a su más simple expresión es ésta: ¿las almas de aquellos que han muerto, pueden comunicarse con nosotros? El Espiritismo prueba la afirmación con hechos materiales: ¿qué prueba puede darse de que no sea posible? Si lo es, todas las negaciones del mundo no impedirán que lo sea, porque esto no es ni un sistema, ni una teoría, sino una ley de la naturaleza, y contra las leyes de la naturaleza es impotente la voluntad del hombre. Es, pues, preciso aceptar de buen o de mal grado las consecuencias y conformar a ellas sus creencias y sus costumbres.

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